Por Ernesto Thuta
Un 14 de mayo de hace cien años (1905) nacía Antonio Berni, el más importante artista político de la Argentina.
El centenario es motivo de distintas muestras de su obra en Buenos Aires y en Rosario, su ciudad natal; de sendos libros y artículos publicados en diversos medios, referidos a su biografía y su producción; e incluso ha llevado a la conformación de una Comisión Centenario Berni, de carácter gubernamental, orientada a llevar a cabo una serie de actividades de homenaje al artista, que incluyen la propuesta de bautizar con su nombre alguna calle de la ciudad de Buenos Aires.
La figura de Berni (máximo referente del “arte comprometido” en el país) se enfrenta hoy (y desde hace tiempo) con un proyecto de “canonización” destinado a ubicarlo en el lugar del pintor argentino más importante del siglo XX. Lo cual plantea, sin lugar a dudas, una serie de debates y contradicciones. Mientras que Berni planteaba al arte (por lo menos en una época) como arma para la revolución, hoy su obra ha sido asimilada por el establishment artístico, e incluso una de sus pinturas (Desocupados) ha batido el récord de precio para un artista argentino, al comprarla el banquero Eduardo Costantini por 800.000 dólares.
Sin embargo, al arte oficial no le resulta tan fácil apropiarse de Berni y digerir el sentido crítico de gran parte de su obra.
Arte político
Una característica fundamental de Berni era (es) su carácter de artista político, más allá de que él mismo decía que “todo arte y todo artista son, en última instancia, políticos”, y que “todo arte admite también una lectura política”. “En mi caso –decía-, lo reconozco, pienso que la lectura política de mi obra es fundamental, que no se la puede dejar de lado, y que si se la deja, no puede ser comprendida a fondo; es más, creo que una mera lectura esteticista de mi obra sería una traición.”
Berni nace en Rosario en 1905, en el seno de una familia inmigrante. A los 12 años su padre, observando que su hijo no paraba de hacer dibujos en cualquier papel que encontrara, lo inscribe en una escuela de arte. A los 17 años realiza su primera exposición en una galería de Rosario, y a los 20 el Jockey Club (¡!) de su ciudad le otorga una beca para viajar a Europa, donde realiza un descubrimiento clave en su vida: el surrealismo. Ya en 1965, en una entrevista en la revista Primera Plana recordaba: “Por primera vez, junto al surrealismo, me sentí contemporáneo; ya no se trataba de ir descubriendo un mundo de fenómenos estéticos, para ponerme al día (en referencia a la vorágine de las vanguardias), sino de encontrarme conmigo mismo”. Por medio del surrealismo Berni se apropiará de la pintura de una manera completamente nueva, tanto como expresión más profunda del yo (el subconsciente) como en su proyección social, política. En París conoce a los máximos representantes del movimiento surrealista, como André Breton, Louis Aragon, Max Ernst, Salvador Dalí, Giorgio de Chirico; muchos de ellos directamente vinculados con organizaciones de izquierda. Es el caso de Aragon (referente del stalinismo), quien lo introducirá en las filas del Partido Comunista, con el cual Berni quedará vinculado, con mayor o menor intensidad, hasta el fin de sus días.
Su regreso a la Argentina en plena crisis de 1930 lo enfrenta a un cuadro de debacle económica y descomposición social, circunstancia que agudiza en su obra la tendencia “testimonial-realista”, propiciada por el PC, en desmedro de un planteo creativo más rico, alejándose del surrealismo (que sin embargo nunca dejará de influenciarlo) y de las vanguardias en general. En este tiempo se fortalece su adhesión al stalinismo y, en principio, a los preceptos estéticos agrupados en el llamado “Realismo Socialista”, de marcado corte conservador y reaccionario frente a la evolución del arte en ese momento (cubismo, abstracción, surrealismo). Esto lo lleva a desarrollar una pintura disminuida desde el punto de vista expresivo, lo que puede observarse en sus obras Desocupados y Manifestación, cuyo mayor atractivo es su tamaño monumental y su “funcionalidad” como objetos de denuncia (aunque cierta pasividad de los personajes, sobre todo en Desocupados, daría lugar a un debate al respecto).
Tiempo después, también Berni se pronunciará contra el Realismo Socialista, considerándolo “una desgraciada compaginación del peor academicismo formal con una chata significación que no superó nunca las ilustraciones vulgarizadas tipo dibujo animado, de las revistas comerciales alienantes”.
En toda la etapa de la primera madurez de Berni (hasta mediados de 1950, aproximadamente) se observa una continuidad de contradicciones. Por un lado, las necesidades expresivas del artista (y sus inmensas posibilidades, dado su gran talento), versus un aparato político-ideológico (stalinista) que lo condiciona permanentemente. Por otro lado, de alguna manera parece resignar su independencia artístico-política tras las mieles del “arte oficial”, distribuidas sobre todo desde los Salones Nacionales: mientras que en 1935 Desocupados es rechazada por el jurado del Salón Nacional, ya en 1940 se le confiere el primer premio de ese mismo certamen por una obra (Figura) despojada de contenido “social”, y el Museo Nacional de Bellas Artes le compra Primeros pasos (también una obra acrítica). “Bendecido por una ristra de premios y adquisiciones, la popularidad de Berni se extiende a amplios sectores, en buena parte sostenida por grupos económicos afines a las políticas conciliadoras del PC”, analiza la revista Cultura (marzo 2005).
Lo cierto es que, a mediados de 1950, hubiese sido difícil prever que el pincel de este artista “reconocido” y “valorado” (¿”comprado”?) por la escena del arte oficial daría lugar, en las dos décadas siguientes, a una obra invalorable desde el punto de vista del arte como elemento de crítica social.
Nuevas vanguardias
A comienzos de la década de 1960, en sintonía con el ambiente político-social del momento (determinado por el influjo de la triunfante revolución cubana, la creciente industrialización y proletarización, el fortalecimiento del clasismo), Berni confirma un viraje clave en sus creaciones, acompañando el auge de los movimientos artísticos de vanguardia, que desarrollaban desde lo estético y lo simbólico las tendencias revolucionarias planteadas en lo político. Abandona así muchas de sus viejas posiciones stalinistas, y comienza a asumir mayores “riesgos” desde un punto de vista artístico.
Berni, que para entonces era un pintor “acomodado”, incorpora en sus pinturas nuevas técnicas y materiales, abandona progresivamente el acartonado realismo, y se involucra en nuevas temáticas, más urbanas, que reflejan los cambios producidos en la sociedad, sobre todo con el surgimiento de las villas y de una marginalidad creciente, como producto de la migración masiva desde el interior a las ciudades (particularmente Buenos Aires y Rosario, cuna del pintor). De este escenario surgen dos personajes que darán una especial fuerza a sus obras: Juanito Laguna y Ramona Montiel. Un niño villero y una prostituta, respectivamente, cada uno con su historia, reflejada en una diversidad de pinturas y, de manera destacada, collages y grabados, de una calidad técnica y expresiva impresionantes.
Hasta su muerte, en 1981, Berni no dejará de experimentar con distintos tipos de materiales, sobre todo de desecho, con los cuales dará vida al entorno degradado, de basural, de sus personajes.
Y aquí encontramos al mejor Berni, desatada ya su creatividad, sostenida por una gran destreza, para llevar al lenguaje del arte posiciones políticas de crítica y denuncia, encarnando el espíritu de una época de grandes luchas y grandes transformaciones.
Ernesto Thuta

horrible sin fotos
QUIERO VER EL DIBUJO "LOS DESOCUPADOS"
dedicate a hacer la paja viejo put0 x suerte estaz muerto
sIN DIBUJOS Y FOTOSNO LLAMA LA ATENCIÓN
re feo sin fotosssssssss